El Castro de Castilviejo

El castro celtíbero de Castilviejo está situado en el pinar de Sigüenza, en un cerro entre las demarcaciones de Guijosa y Cubillas del Pinar. Se trata de los restos arqueológicos de un castro celtíbero del que se conservan notables restos de la muralla, el foso y del sistema defensivo mediante el campo de piedras hincadas. Resulta muy interesante por su antigüedad y por la singularidad de su construcción.

ACCESOS:

El acceso más sencillo se realiza desde la carretera GU-126 en su tramo de Guijosa a Cubillas del Pinar. A unos mil quinientos metros desde Guijosa encontraremos, en una pronunciada curva a la izquierda, un camino que sale a la derecha que da a un espacio más llano en el que se puede dejar el vehículo y que está al pié mismo del castro.
Después, ya andando, tomaremos la senda en el cerro que se dirige recta hacia la cumbre.

PRINCIPALES ATRACTIVOS:

El yacimiento cuenta con tres momentos de ocupación bien documentados: uno corresponde al Bronce Final, un segundo de época celtibérica, en que se construyeron sus defensas; y un tercero hispanomusulmán, en que el recinto fue, en parte modificado y reutilizado como punto de observación y control de la calzada que enlazaba Mérida con Zaragoza.

La situación del castro es la típica de los asentamientos celtíberos, en un cerro alto, con acceso por una sola cara y el resto de los lados con la defensa natural de los cortados. Parece que su función en origen era la vigilancia y custodia de las tierras de labor hacia el valle del Henares y de una zona de monte adecuada para la ganadería.

Del castro se conservan notables restos, actualmente restaurados, de la muralla y el campo de piedras hincadas, estando los restos de las construcciones internas en muy mal estado. No obstante, el conjunto es suficientemente interesante y sugerente como para transportarnos a un ambiente primitivo, además de brindarnos unos paisajes privilegiados.

El yacimiento tiene forma de triángulo, con la muralla en su lado oeste, ante ella un foso precedido por el campo de piedras hincadas cuya misión era impedir el avance de las caballerías enemigas y armas de asedio. En el centro del campo de piedras hincadas existe un pasillo de unos 4 metros de ancho que da acceso a la muralla, y recorre después paralelo a la muralla hasta su extremo norte desde el que se accedía al poblado.

La estructura defensiva se completaba con una torre en la zona sur y el foso al pié de la muralla.

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